1ra lectura - del libro del Levítico (19, 1-2. 11-18)
Hoy la palabra nos habla de la conversión, que pasa por tener una relación fraterna con los hermanos. En nuestra parroquia vemos a muchas personas, pero no las conocemos y por lo mismo no sabemos que les ocurre. Por otra parte algunos que son comerciantes y que suelen participar en Santa Misa, suele aprovecharse al vender sus productos con altos precios. La lectura del libro de levítico nos exhorta a ser santos como Dios es santo, por eso no debemos aprovecharnos de las personas, particularmente si tienen deficiencias mentales, hacer eso es tener una conciencia negra.
Salmo 18 - Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
Meditación: La relación con Dios toma en cuenta a nuestro hermano, no debemos oprimirlo ni explotarlo. Debemos comprender a nuestros hermanos y ayudarlos de corazón. Estamos ciegos para no ver al Señor en el pobre. En el fondo solemos ser tacaños, debemos ayudar con un corazón abierto.
Evangelio - según san Mateo (25, 31-46)
En el evangelio el Señor nos agradece que le brindemos atención por medio de los hermanos necesitados y además menciona a aquellos que no tuvieron misericordia de los más pequeños. Adicionalmente indica que muchas veces nos aprovechamos de los extranjeros para esclavizarlos. Recordemos que la conversión está a nuestro alcance, no es necesario viajar a otro país tender la mano al necesitado.
Oración: al reconocer que el día que Jesús venga en su Gloria, verá el fondo del corazón, debemos ahora reconocer que la caridad pasa por la buena relación con el hermano. No debemos negar que está presente Jesús en los necesitados. Debemos encontrarlo en ellos.
Contemplación: La palabra es Dios mismo, se hizo carne en Jesús. Por eso al escucharla estamos escuchado al mismo Jesús. En el juicio habrá dos grandes bandos, los que escucharon al Señor e hicimos su voluntad por amor a nuestros hermanos y los que fuimos sordos y no reconocimos a Cristo en los hermanos necesitados.
Acción: Nuestra cuaresma que sea una relación renovada, más justa y humanitaria con los demás, como los que dependen de nosotros en el plano laboral. Debemos tener misericordia por medio de las obras. La salvación pasa por la relación con los demás, que requiere de un cambio de corazón. Nuestra Madre está pendiente de nosotros para que seamos buenos hijos, pidamos su intercesión para que el Señor nos quite el corazón de piedra y nos ponga un corazón de carne.

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